4.28.2011


La fiebre de un sábado azul y un domingo sin tristezas.
Esquivas a tu corazón y destrozas tu cabeza, y en tu voz sólo un pálido adiós, y el reloj en tu puño marcó las tres.
El sueño de un sol y de un mar y una vida peligrosa, cambiando lo amargo por miel y la gris ciudad por rosas.
Te hace bien, tanto como hace mal; te hace odiar, tanto como querer y más.
Cambiaste de tiempo y de amor, y de música y de ideas. Cambiaste de sexo y de Dios, de color y de fronteras; pero en sí, nada más cambiarás y un sensual abandono vendrá y el fin.
Y llevás el caño a tu sien apretando bien las muelas, y cierras los ojos y ves todo el mar en primavera.
Bang, bang, bang.
Hojas muertas que caen, siempre igual, los que no pueden más se van.

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