Hay veces en la vida que uno necesita escribir, o por lo menos en la mía. Aunque antes esos momentos eran muchos y muy seguidos, cada vez lo necesito menos. No sé si es algo bueno o malo, pero estoy feliz. Estoy feliz de haber dejado arquitectura, estoy feliz de haberme ido de mi casa. De haber cerrado tantas etapas. Ahora realmente estoy bien. Bien por mi, por mi carrera, por mis amigos; Bien con mi familia, con mi vida. Generalmente creo que todo en la vida es efímero, ya no es tan así. Creo que mientras tengamos las cosas en nuestro recuerdo, van a ser eternas, y más allá de que por momentos quieras olvidarlas, hacer como que nunca existieron, ahora me doy cuenta que hoy soy lo que soy (y lo digo con orgullo), gracias a todas esas cosas, tanto las malas como las buenas. Por un momento consideré eliminar todas mis entradas anteriores, pero por qué? Si bien mis pensamientos cambiaron mucho en estos años, no deja de formar parte de lo que fui, de lo que soy, y seguramente de lo que vaya a ser mañana.
Necesitaba escribir, lo que sea, el teclado es un gran aliado, aunque veces puede convertirse en tu enemigo, y esas veces querés reventarlo contra la pared, pero todo es enseñanza, y si realmente quiero progresar, ser alguien, (pero no alguien cualquiera, alguien por lo que me gusta, por lo que sé que es mi vocación), voy a tener que dejar de lado todo ese miedo, bancarme la que venga, y salir adelante. Es el día de hoy que puedo hacer cosas que en la puta vida creí capaz de hacer. Es increíble el valor que tienen las cosas más simples.
Es hermosa mi vida, son hermosos mis amigos, es hermosa mi facultad, mi casa y mi familia. Agradezco a todos los que forman parte de mi por hacer posible que pueda, con seguridad, escribir esto, y saber que soy honesta desde lo más profundo de mi ser. Y voy a seguir escribiendo, por nadie más que por mi, porque me gusta, me llena, me hace feliz.