12.20.2010

Carta de un león a otro.


 Perdona hermano mío si te digo que ganas de escribirte no he tenido, no sé si es el encierro, no sé si es la comida, el tiempo que ya llevo en esta vida. Lo cierto es que el zoológico deprime y el mal no se redime sin cariño, si no es por esos niños que acercan su alegría sería más amargo todavía.
 A ti te ira mejor, espero, viajando por el mundo entero, aunque el domador, según me cuentas, te oblige a trabajar más de la cuenta. Tú tienes que entender, hermano, que el alma tiene de villano el no poder mandar a quien quisieras, descargan su poder sobre las fieras. Muchos humanos son importantes silla mediante látigo en mano.
 Pero volviendo a mi, nada a cambiado aquí desde que fuimos separados. Hay algo, sin embargo, que noto entre la gente, parece que miraran diferente; sus ojos han perdido algun destello, como si fueran ellos los cautivos, yo sé lo que te digo. Apuesta lo que quieras, que afuera tienen miles de problemas.
 Caímos en la selva de mármol, y miren qué piadosas manos, su aire esta viciado de humo y muerte y quien anticipar puede su suerte. Volver a la naturaleza sería su mayor riqueza, allí podrán amarse libremente y no hay ningún zoológico de gente.
 Cuídate hermano, yo no sé cuando, pero ese día viene llegando.

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