No te lo puedo decir, porque no tiene sentido.
No te lo puedo decir porque tú sabes que yo sé que ya lo sabes.
No tiene tiempo. No se detiene. No se contrata. No se distribuye.
No es inyectable, no se chupa, no idiotiza.
No está en el Súper, no ve, no suaviza.
No tiene precio. No está en la Bolsa.
No paga impuestos igual que Televisa (no son los chorros de Banco Galicia),
no es compatriota de nadie, no va a misa.
No es un mafioso que el Papa canoniza.
No tiene madre. No tiene abuela. Tampoco tiene santo. Tampoco tiene vela.
No da dolor, tumor, rubor, no cicatriza.
No está a la venta, no se ve, no se cotiza.
No se desea. No se seduce. No se decide ni se desdice.
No es un espejo, no es un templo, no da risa.
No tiene angustia, ni se psicoanaliza.
Es enemigo del gobierno y los poderes.
Es un brillante ritual frente al vacío.
Es una cosa extraordinaria de la vida ¿Qué es? No te lo puedo decir.
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